Dr. Pedro Barrios

Doctor Pedro Barrios:

“La cirugía se mantiene aún como el arma terapéutica más eficaz en el tratamiento del cáncer”

El Dr. Pedro Barrios nace en Alicante en 1951 y vive en Colombia desde su infancia hasta su regreso a Barcelona para cursar los estudios de Medicina. Se licencia en 1975 y realiza la residencia de cirugía general en el Hospital de Bellvitge. A los 29 años obtiene la jefatura de esa especialidad en el Hospital de la Cruz Roja de Hospitalet (Barcelona). De ese primer periodo profesional resalta el soporte recibido de la Institución para implementar líneas asistenciales y técnicas quirúrgicas que culminaron en la creación de la segunda Unidad de Cirugía Oncológica de Cataluña, después de la desaparecida Unidad del Hospital de San Pablo, obra del Dr. Tuca.

Realizó diversas estancias en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, MD Anderson de Houston, Presbiterian Hospital de Pittsburg y en el Washington Cancer Institute que le permitieron ampliar conocimientos en áreas específicas de la oncología quirúrgica.

Del funcionamiento de estos centros oncológicos de referencia destaca, entre otros aspectos, el modelo de relación médico-paciente que practican y que está basado en la profesionalidad médica y los derechos del paciente a la información y toma de decisiones, diferente al enfoque paternalista muy extendido en España.

Destaca su estancia con el Dr. Sugarbaker, con quien aprendió los últimos conocimientos relacionados con la fisiopatología de la carcinomatosis peritoneal (CP) y su tratamiento radical. Desde entonces, esta línea de trabajo ocupa de pleno su actividad profesional.

En el 2006 implementó en el Hospital de San Pablo de Barcelona la Unidad de Cirugía Oncológica Peritoneal y el Programa de Carcinomatosis Peritoneal de Cataluña. En el 2010, las autoridades sanitarias, trasladaron la Unidad y el Programa al hospital de Sant Joan Despí Moisès Broggi, donde se consolidó como centro referente regional y nacional de esta patología.

Actualmente el Programa acredita más de 1.200 procedimientos de CRS + HIPEC que cubre a todos los tipos de CP tributarios de este tratamiento y, otro millar de procedimientos de CRS no asociadas a HIPEC. Representa una de las mayores experiencias a nivel mundial en este campo de la cirugía oncológica.

El Dr. Barrios ha compaginado esta actividad especializada con diversos proyectos de desarrollo sanitario y de emergencias médicas en países en desarrollo, colaborando, principalmente, con la organización Médicos Sin Fronteras de España, de la que fue presidente durante varios años.

 

P: Usted nació en España pero sus primeros años transcurrieron en Colombia. ¿Vivir en un país en desarrollo o su familia influyeron en su decisión de estudiar medicina?

R: Desde niño me atrajo la cirugía, a la que consideraba sinónimo de medicina. La motivación social fruto de vivir en un país con desigualdades de todo tipo y el soporte familiar fueron claves para cumplir con la ilusión de ser cirujano.

 

P: ¿Por qué veía esa equivalencia entre cirugía y medicina?.

R: Los niños suelen tener una concepto biológico muy simple de la vida. Consideran que la vida se origina y reside en los órganos. Se trata de una visión macro u organicista. No contemplan aquello no visible, lo molecular. La química que se genera en diversos órganos y que es ordenada y controlada desde el cerebro. De ahí que los niños sean los máximos promotores de los trasplantes de órganos. Cualquier alteración de la salud lo solucionan cambiando piezas y estos cambios los relacionan con la cirugía.

En mi caso se sumó, además, una gran curiosidad por explorar en el interior de los seres vivos. Durante años durante las vacaciones del colegio colaboré en una organización dedicada a la captura y estudio de pequeñas especies animales con fines de catalogación científica. Esta experiencia incrementó mi interés por la vivisección de pequeños animales y la realización de pequeñas cirugías. Hoy, de esa etapa de “maltrato animal”, solo me queda la anécdota y, de bueno, la veneración por toda manifestación de vida.

Años después, ya como cirujano, durante un largo periodo de actividad quirúrgica me acompañó una sobrevaloración de la cirugía en detrimento de las especialidades médicas; la consideraba como la cuasi única arma terapéutica eficaz de la medicina. Por desgracia, este pecado de soberbia no es un hecho aislado y cuando se presenta, solo el tiempo con sus enseñanzas lo cura. Un ejemplo, conocido entre los cirujanos de mi edad, sobre este hecho fue el cambio de paradigma que significó el cambio del tratamiento quirúrgico por el tratamiento médico en el manejo del ulcus duodenal. Aceptar una bacteria como causante de esta patología fue impactante para la estima de muchos cirujanos.

Estos “tropiezos” en el papel terapéutico de la cirugía se compensan con la constante evolución tecnológica y científica de las diferentes especialidades quirúrgicas. En los últimos años el cirujano ha ganado terreno en su formación integral. Acostumbro a arengar a mis residentes con el comentario: es más fácil encontrar a un cirujano que sepa tratar una neumonía que a un médico que sepa tratar correctamente un quiste sebáceo.

El futuro de la cirugía está en la adecuación e integración constante con los nuevos conocimientos. Es importante el enorme papel pasado y actual de la cirugía en mejorar el conocimiento y desarrollo de la medicina.

 

P: Usted ha comentado que durante el periodo transcurrido en Colombia observó fuertes desigualdades sociales. ¿Qué repercusión tuvieron esas vivencias en lo profesional?

R: Creo que hice referencia a la trascendencia de las vivencias extremas en la generación de una conciencia social y sobre la implicación personal. Las grandes diferencias socioeconómicas repercuten en la salud de los sectores más vulnerables. No ocurre solo en Colombia, se trata de un problema endémico de la mayoría de los países en desarrollo y se aborda mediante avances de tipo político, social y económico que fomenten la equidad.

Si vives con intensidad los problemas provocados por la desigualdad, además, en un entorno familiar implicado, necesariamente se generan valores positivos y motivación de ayuda. Mis padres consideraron que la medicina era una profesión que cubría mis aspiraciones personales en todos los aspectos.

Resulta importante aclarar que Colombia, en ese momento, estaba bajo la influencia de la revolución cubana. Junto a la atracción por la cirugía coexistía la necesidad de cambiar el mundo. Muchos jóvenes, en esos tiempos, consideraban que las mejoras sociales se lograban con la educación y el conocimiento o bien desde la guerrilla. Un buen número de nosotros vivíamos en esa disyuntiva. Para mis padres esa incerteza fue un motivo importante para enviarme a cursar la carrera de medicina a Barcelona y evitar que mi vida transcurriese por derroteros muy inciertos. Se acabaron las dudas. Vivíamos tiempos de aceptación absoluta de las “propuestas” paternas.

 

P: A su regresó a España este era un país con escaso desarrollo económico pero, por lo que ha comentado, mejor que Colombia. ¿Qué diferencias encontró entre ambos países?

R: La evolución cultural de los pueblos determinan su presente. Todos los países suelen atravesar por períodos difíciles e inciertos pero cada periodo histórico deja un sustrato sobre el que se construye el siguiente. Los avances sociales forman parte de esa evolución cultural.

Cuando regresé a España, a mediados del 68, la situación económica era mala y junto con la represión política condicionaba la dinámica del país. Diferente a la Colombia de entonces: una república con grandes posibilidades económicas y libertades políticas, pero lastrada por desigualdades sociales nunca abordadas y causa de la violencia reinante en el país.

España con una mayor trayectoria en lo social pudo, una vez superado ese periodo negativo, relanzarse en el área socioeconómica, apoyada por un entorno geopolítico favorable. Por entonces el coste para cursar los estudios universitarios era casi inexistente y el cupo para medicina amplio, lo que permitía el acceso con relativa facilidad.

Los primeros años de carrera fueron especialmente convulsos con frecuentes huelgas y movimientos estudiantiles. Terminada la carrera la especialización mediante el sistema MIR podía acoger un número importante de candidatos gracias a la apertura de varios centros y hospitales públicos, mayoritariamente, dotados de un nivel profesional y tecnológico superior al del sector privado. En resumen, las facilidades de realizar la carrera en España y un entorno social más equitativo aplazaron mis sueños revolucionarios.

En el 75 los problemas políticos de España se aclararon mientras Colombia solo muy recientemente ha podido iniciar el camino de la paz. Como verá si que habían diferencias entre ambos países. En esa época a favor de una España, también, con problemas.

“Vivir en un país en desarrollo y en una familia sensible a las desigualdades fomenta la conciencia social….”

 

P: ¿Cómo recuerda usted de aquella época y del ambiente en la universidad?

R: No fue fácil. Llegué a los 17 años al país sin el acompañamiento de mis padres, lo que dificultó mi adaptación a un entorno con cultura y valores diferentes, algunos de ellos diametralmente opuestos. Durante un tiempo mis relaciones sociales se vieron muy limitadas y eso favoreció una mayor dedicación a los estudios y a la realización de un sinnúmero de guardias voluntarias en calidad de estudiante. Aunque también me identifique con el movimiento de mayo del 69 y con las revueltas estudiantiles de la Universidad de Barcelona, mi primer anhelo de cambiar el mundo se reorientó a obtener una cualificación suficiente para optar a una plaza en la especialidad de cirugía de un gran hospital.

 

P: Creo que usted se licencia en el año 1975.

R: Sí, en 1975. Año crucial.

 

P: Estudió en la Universidad de Barcelona. ¿Recuerda alguna figura dentro de su profesorado que le influyera especialmente?

R: Sí, en especialidades médicas al Dr. C. Rozman y en el campo quirúrgico al Dr. J. Curto que impartió la patología quirúrgica del esófago. El Dr. Curto era entonces uno de los principales especialistas en cirugía esofágica y me dio a conocer el tipo de cirugía a la que aspiraba realizar. Al encantamiento de la cirugía esofágica no le fui infiel. Mi tesis doctoral trata de las reconstrucciones del esófago mediante plastias libres de intestino delgado microrrevascularizadas.

“Somos química que se elabora en diversos órganos, ordenada y controlada por el cerebro”.

 

P:¿De la cirugía del esófago le llamó la atención los aspectos puramente técnicos o fue la patología maligna del esófago?

R: Con certeza, el tratamiento de la enfermedad oncológica, en mi línea de asociar la cirugía con el cáncer. Si el Dr. Curto en sus clases se hubiese referido a otro órgano mi interés se hubiese dirigido hacia ese otro órgano. Lo que me atraía era el binomio cáncer-cirugía, aunque es cierto que, por aquellos años, la cirugía esofágica estaba mitificada por su complejidad.

 

P: Entiendo que esa determinación marcó su trayectoria profesional. Cuéntenos cómo fueron los pasos siguientes en su carrera.  

R: Desde el tercer año de facultad me relacioné con la cirugía ayudando en las actividades quirúrgicas y en las guardias de varios hospitales públicos. Finalizada la carrera, tenía la firme decisión de opositar a una plaza de residente de cirugía en un hospital con manejo quirúrgico del cáncer. Opté y logré plaza en el servicio del Dr. Curto en el Hospital de Bellvitge.

Allí cursé una residencia muy rica en todos los aspectos. Me formé durante todo ese periodo con el Dr. M. Sanz y el Dr. C. Margarit. Un verdadero honor haberlos tenido como profesores y también como amigos, al igual que a otros numerosos expertos cirujanos. A todos ellos les debo lo que soy. Al final somos un poco de muchos…

 

P: Puede entenderse la figura de un cirujano sin un buen mentor?

R: En mi época era difícil entender otra manera de aprender cirugía. Ahora la formación es más abierta a nuevas fórmulas. Parte de la cirugía se aprende imitando gestos o maniobras, recopilando experiencias, aprendiendo de los errores… Muchas de las experiencias no son propias, pertenecen a generaciones previas que las van transmitiendo. Tu maestro era el responsable de pasarte el último testigo… Aprendí en un periodo de enorme respeto profesional y valoración personal hacia los cirujanos “mayores”. Creo que los tiempos han cambiado.

“En cirugía la valentía es un término reservado al paciente. La valentía quirúrgica reside en saber pisar el freno a tiempo”

 

P: ¿Por qué cree usted que los tiempos han cambiado? ¿Porque ahora la formación llega por otras vías y hay mayor acceso a ella?

R: La sociedad evoluciona continuamente y a una velocidad que se multiplica. Actualmente vivimos en un momento de cambio constante y la adaptación es la forma de sobrevivir.

Hace solo pocos años los jóvenes teníamos más deberes que derechos. Cumplir con esos deberes, algunos no razonables, era una forma de pagar un peaje formativo. La cultura del esfuerzo, e incluso, del sacrificio estaba interiorizada y las normas estaban para ser cumplidas. Apenas había pie para discutirlas. La definición de MIR (Médico Interno Residente) se entendía como un sistema de formación que condicionaba estar internado o residir en la institución. No existía ni horario ni calendario durante ese periodo. Las jornadas habituales de trabajo se prolongaban con las guardias y estas, a su vez, con la jornada del día siguiente. Tu entorno era el hospital y lo demás, el “resto”. A pesar de esta dedicación tan intensa, los cinco años de residencia transcurrían de forma muy rápida y, siempre, al final surgía el miedo a terminar la residencia con una formación insuficiente.

 

P: ¿Siguiendo los pasos y cumpliendo las normas a las que ha hecho referencia la carrera profesional estaba garantizada? Es posible que hoy los residentes recién terminados se enfrenten a una mayor incertidumbre, ¿no le parece?

R: Nada era seguro entonces, pero creo que disponíamos de más posibilidades. Estaba bastante convencido de poder continuar ejerciendo la cirugía dentro del sector público. La posibilidad de dedicarme al ámbito de la cirugía oncológica era más dudosa. Dependía de continuar en el propio hospital de Bellvitge o de obtener plaza de adjunto en otro hospital con experiencia en cirugía y cáncer.

Finalizada la residencia, se me ofreció la jefatura de sección de cirugía del Hospital de la Cruz Roja de Hospitalet (hospital de la Seguridad Social en vías de expansión y con potencial para desarrollar cirugía oncológica). Allí continué mi formación con otros maestros excepcionales, los doctores J. Borrell y A. Henríquez. En ese momento tenía 29 años.

Sobre la segunda pregunta, la respuesta debe dividirse para dos periodos: el que abarca los anteriores ocho o diez años en los que predominó las dificultad para poder obtener plaza de cirugía en centros públicos y, el periodo actual junto al futuro inmediato. La concentración de jubilaciones reciente y previstas para los próximos cinco años dejará abiertas las posibilidades para un buen número de cirujanos en formación. Creo que no es un momento de angustia ni desespero.

 

P: Era usted muy joven al ocupar su primer cargo de responsabilidad. ¿Representaba la edad un hándicap?

R: Es evidente que no fue así en mi caso. Quiero pensar que me ofrecieron el cargo por capacitación. Sea como fuere, las cosas fueron bien y los objetivos por los que fui contratado se cumplieron.

 

P: ¿Cuáles fueron los retos que se encontró usted para asumir esa jefatura de sección? ¿Qué intentó hacer para mejorar aquel hospital?

R: Trasladar los conocimientos adquiridos en un hospital de tercer nivel y relanzar líneas asistenciales, especialmente las relacionadas con la oncología quirúrgica. Se trataba de un hospital de nivel inferior con gran experiencia en cirugía general y menos en el manejo quirúrgico del cáncer, pero con gran recorrido asistencial y científico. Era un momento ilusionante y muy vital. Estaba convencido de poder desarrollar algo interesante profesionalmente. El entorno me fue muy propicio y el hospital facilitó el desarrollo de nuevas líneas asistenciales y la investigación a nivel básico. Recibí un apoyo casi incondicional.

 

P: Hoy día la cirugía y la investigación van de la mano…

R: Absolutamente. Si se trata de avanzar, generar conocimientos, crear… es obligada la sintonía mutua. Ambas ciencias se retroalimentan. El cirujano actual debe de disponer de conocimientos científicos y aplicar el método científico en la organización y desarrollo de su trabajo. Si se concibe el acto quirúrgico como una rutina se convierte en un “operador”.

En definitiva, la cirugía ha de contemplarse como una ciencia, no un como un oficio.

 “En algún momento reciente llegó a considerarse que la quimioterapia podría suplir a la cirugía. Actualmente, los oncólogos médicos exigen calidad en la cirugía para garantizar la eficacia de la quimioterapia”.

 

P: ¿…También en la época de sus inicios?

R: Sí. Hacíamos investigación acorde a los medios propios de la institución y, además, conseguimos varias becas y ayudas del FIS y de otras fuentes. Casi todas ellas relacionadas con la cirugía y el cáncer. El hospital llegó a crear su propia fundación, e incluso, muy al inicio, dispusimos de estabulario animal que nos permitió desarrollar técnicas avanzadas de microcirugía que, más tarde, aplicamos con éxito en cirugía oncológica. Fuimos el primer grupo en realizar esofagoplastias revascularizadas a nivel español.

En 1985 creé la segunda Unidad de Cirugía Oncológica de Cataluña. La primera fue la desaparecida del Dr. Tuca en el Hospital de Sant Pau. El Dr. Tuca fue el cirujano referente en cirugía oncológica en Cataluña hasta su fallecimiento. Con él, desapareció la Unidad.

La Unidad de Cirugía Oncológica del la Cruz Roja de Hospitalet llegó a realizar un volumen muy importante de la actividad oncológica de Cataluña y desarrolló nuevas líneas asistenciales así como un modelo organizativo y funcional multidisciplinar, poco frecuente en esos años. Pocos años después de la implementación de la Unidad se estableció un convenio de colaboración con el Instituto Catalán de Oncología (ICO), convenio que se mantiene en la actualidad en la nueva estructura de funcionamiento gestionada por el Consorci Sanitari Integral (CSI).

 

P: En aquella época, ¿tenía usted la sensación de que existía un disociación grande entre la oncología quirúrgica y otras especialidades oncológicas?

R: La especialidad de oncología médica es muy reciente y se desarrolló en España coincidiendo con el periodo del que hablamos, mientras que la especialidad de cirugía oncológica no existe. Disponemos de algunas sociedades científicas como la propia Sociedad Española de Oncología Quirúrgica (SEOQ) y el Grupo Español de Cirugía Oncológica Peritoneal (GECOP).

El cirujano general asume la cirugía del cáncer de casi todos los órganos o los territorios anatómicos. Desde hace relativamente pocos años se han ido creando especialidades quirúrgicas que abordan la patología neoplásica por órganos o sistemas.

El trabajo en equipo entre el oncólogo médico, el cirujano y otras especialidades relacionadas con el manejo del paciente oncológico es muy reciente. Hoy en día, la palabra ‘multidisciplinar’ es utilizada con gran profusión pero, en ocasiones, de forma excesiva y benevolente para lo que es la realidad de la práctica clínica.

El hablar de cirugía oncológica obliga a considerar una formación que incluye aspectos de la cirugía del cáncer no limitados a los aspectos técnicos y que, generalmente, se obtiene en otros países donde se contempla esta especialización.

 

P: Y usted, ¿en qué centros se siguió formando?

R: He realizado estancias formativas de duración variable en centros oncológicos como el Memorial de Nueva York, el MD Anderson de Texas, el Presbiterian de Pittsburgh y el Washington Cancer Center. Esta última con el Dr P. Sugarbaker. También miembros de mi equipo han ampliado conocimientos en estos u otros centros de referencia.

 

P: ¿Tenía usted la sensación en aquella época de que la cirugía era como el último recurso cuando había fallado la quimioterapia?

R: En mis inicios la cirugía significaba la única arma terapéutica eficaz disponible para tratar los tumores. El uso de los primeros fármacos citotóxicos dio paso a la oncología médica y la generación de nuevos fármacos, cada vez más efectivos, a la administración generalizada de la quimioterapia. Esta fase del proceso tuvo como repercusión negativa, el considerar a la quimioterapia un sustituto de la cirugía. Se trató de una corta etapa pero importante por repercutir en el nivel de exigencia reclamado a la cirugía.

Poco tiempo después se demostró lo contrario. En el nivel actual de conocimiento oncológico podríamos referirnos a la cirugía como aquella madre que prepara el terreno su hijo, la quimioterapia, para que le supere (o viceversa). En la actualidad es obligatorio el uso coordinado y ordenado de los diferentes instrumentos terapéuticos de que disponemos.

La cirugía continúa siendo el instrumento más eficaz en el manejo de la mayoría de los tumores, bien como tratamiento de inicio o después de un tratamiento previo quimioterápico. En ambos casos, la calidad de la cirugía es determinante. Una mala cirugía de inicio o de intervalo condiciona el papel beneficioso de la quimioterapia y repercute directamente en los resultados clínicos del paciente.

 

P: En resumen: una buena cirugía realizada en el momento adecuado condiciona claramente los resultados y la evolución de la enfermedad.

R: Así es. Si no en todos los pacientes, en la mayoría de ellos. Los oncólogos médicos lo saben y reclaman una cirugía de calidad a sus cirujanos. Además de la técnica quirúrgica, el cirujano debe conocer los mecanismos que participan en la evolución de los diferentes tumores, su respuesta a otros tratamientos y el momento más idóneo para realizar la cirugía. Es decir el cirujano ha de ser un homo sapiens en todo el proceso diagnóstico-terapéutico y un homo habilis solo para la ejecución técnica de la cirugía.

Hemos de quitarnos de encima el estigma de mecánicos y, también, que sea peor causa de ofensa la torpeza que la ignorancia.

 

P: Volvamos a su estancia con el Dr. Sugarbaker, una figura esencial en el ámbito de la carcinomatosis. ¿Qué le aportó a usted?

R: No fue una estancia larga, fueron solo tres meses. Permítame, que en este punto, introduzca una opinión que creo importante. La formación en cirugía oncológica ha de iniciarse tras una experiencia extensa en cirugía general. Los principios teóricos y técnicos de la cirugía general son los mismos. Cambian aspectos específicos que son el motivo de la especialización.

Pretendo decir con esto que al inicio de un programa de cirugía oncológica no debe de aplicarse la modalidad de enviar un residente con escasa formación, experiencia o visión estratégica, para a través de su información implementar una nueva línea asistencial y menos un programa de alta complejidad. Considero que la alta especialización debe iniciarse con la formación quirúrgica muy avanzada. Mi formación en alta especialización oncológica en los centros de referencia fue con la curva de aprendizaje quirúrgico realizada, me trasladé a aprender técnicas específicas así como formas de organizar y desarrollar el trabajo en equipo.

 

P: ¿Tenía usted conciencia de que ya era el momento de ir allí porque ya tenía esa curva de aprendizaje recorrida?

R: Sí, fui consciente de ello. Mi situación profesional no me permitía perder el tiempo en esos desplazamientos y tampoco creo que hubiese podido resistir mucho tiempo sin practicar activamente la cirugía y mantener una responsabilidad sobre mis propios pacientes

 

P: El Dr. Sugarbaker sufrió mucha resistencia para que su procedimiento terapéutico fuese aceptado. ¿Usted era consciente de las dificultades que podía tener al traer esa técnica a su hospital o al país?

R: Personalmente pude constatar las dificultades que el Dr. Sugarbaker tuvo para ser escuchado y aceptado entre la comunidad oncológica americana. Era consciente de que me ocurriría lo mismo a mí o a cualquier otro compañero que tuviese ese mismo empeño. De hecho son muy conocidas dentro de nuestro entorno las dificultades por las que atravesó el Dr. Gómez-Portilla cuando introdujo el tratamiento propugnado por el Dr. Sugarbaker en su entorno. Por lo tanto, sí, era perfectamente consciente de ello y sabía que en España podría encontrarme con algunas dificultades, a pesar que había un trabajo institucional previo y una estrategia planificada de implementación de la técnica del Dr. Sugarbaker en mi Hospital.

 

P: ¿Por qué usted creía en esa técnica y otros no? ¿Cuál era el motivo para creer en ella?

R: En el estado actual del conocimiento médico sigo defendiendo el papel fundamental de la cirugía en el tratamiento del cáncer. ¿Por qué no darle, también, una oportunidad a un tipo de cirugía muy avanzada y no utilizada con anterioridad para abordar una patología tumoral considerada terminal y sin ningún tratamiento efectivo? El tratamiento promocionado por el Dr. Sugarbaker era, para mí, conceptualmente perfecto: con el tipo radical de cirugía por el descrito eliminaba toda manifestación tumoral visible y el resto de tumor microscópico era abordado de forma inmediata con quimioterapia intraperitoneal asociada a la hipertermia. Pero además de disponer esta estrategia de una lógica racionada, significaba un gran reto a nivel quirúrgico y una ampliación de conocimientos en el campo de la oncología médica.

La razón fundamental fueron los resultados de supervivencia descritos por el Dr. Sugarbaker en un tipo de pacientes que todos sabíamos que no disponían de ningún futuro a corto plazo con una lastimosa calidad de vida. El Dr. Sugarbaker informaba de cifras muy elevadas de curación en diferentes tipos de carcinomatosis peritoneal.

Finalmente, dos cirujanos jóvenes que realizaron una estancia muy prolongada con él y que más tarde formaron parte de mi equipo me transmitieron información directa muy positiva respecto a esta novedosa línea de trabajo.

El Dr. Ramos (a la derecha), junto a su esposa, la Dra. Isabel Ramos, posan junto al Dr. Paul Sugarbaker en su investidura como doctor ‘honoris causa’ por la Universidad de Valencia, en junio de 2014.

 

P: ¿Cómo fue su regreso a España? ¿Encontró resistencias no esperadas?

R: El desplazamiento a Washington fue discutido y facilitado por la dirección del hospital. La Unidad de Cirugía Oncológica estaba, por entonces, plenamente consolidada y no existían inconvenientes más allá del aprendizaje de los aspectos técnicos del tratamiento quirúrgico y de la administración de la quimioterapia intraperitoneal. Incluso los oncólogos, patólogos y otros especialistas colaboradores de la Unidad eran conocedores del tema.

Todo este trabajo previo hizo fácil el aterrizaje. Menos de un mes de la vuelta, realizamos el primer caso de cirugía citorreductora radical (CRS) asociada a quimioterapia intraperitoneal normotérmica (EPIC) en Barcelona y, probablemente, en España. Era la Navidad de 1989.

 

P: ¿Se acuerda del paciente?

R: Sí. Se trató de una paciente afecta de carcinomatosis peritoneal por cáncer avanzado de ovario. Me acuerdo perfectamente de ella y de que falleció a los nueve años del tratamiento. Todas las fases del procedimiento se desarrollaron correctamente y la ilusión por el proyecto recién iniciado se incrementó. Con el bagaje quirúrgico previo solo tuvimos que introducir aspectos técnicos muy específicos al procedimiento quirúrgico y la introducción de la EPIC no generó dificultades mayores.

No tardamos muchos días en realizar la segunda paciente y a continuación la siguiente…

En 2006, la Unidad de Cirugía Oncológica del Hospital de la Cruz Roja quiso dar un paso adelante e introducir la quimiohipertermia intraperitoneal (HIPEC). Esta técnica requería de tecnología costosa no asumible para la Institución y de ejecución recomendada para hospitales de nivel superior. La Unidad fue trasladada al Hospital de Sant Pablo bajo la definición de Unidad de Cirugía Oncológica Peritoneal y Programa de Carcinomatosis Peritoneal de Cataluña, en donde desarrolló sus actividades durante cuatro años hasta su nuevo traslado a un hospital de nueva creación, el Hospital de Sant Joan Despí – Moisès Broggi, lugar que ocupa actualmente.

 

Con el equipo quirúrgico de la Unidad de Carcinomatosis Peritoneal del Hospital Moisès Broggi. De izquierda a derecha, los doctores P. Barrios, I. Ramos, O. Crusellas y D. Sabia celebrando en marzo de 2018 el procedimiento número 1.000 de CRS+HIPEC.

 

P: Estamos hablando de pacientes que se consideraban desahuciados a nivel médico, ¿verdad? ¿Recuerda como exponía la técnica y el pronóstico a sus primeros pacientes? ¿Eran conscientes de la gravedad del tratamiento y del paso adelante que significaba ese novedoso tratamiento?

R: Internet y las redes sociales no existían. La única información de la disponían los pacientes eran la de su médico. Por entonces, generalmente, la comunicación médico-paciente era muy limitada en España. La mayoría de los pacientes no eran conscientes de la gravedad de su enfermedad y menos aún de aspectos relacionados con el tratamiento y el pronóstico final. Se trataba de una relación paternalista de las que nunca pensé que fuese correcta.

Tratar pacientes con pronóstico muy incierto mediante un tratamiento agresivo me confirmó sobre el derecho que tienen los pacientes de conocer todo acerca de su enfermedad, el proceso terapéutico y la obligación del médico responsable en comunicar adecuadamente al paciente para que disponga de toda la información necesaria para tomar decisiones.

En estancias previas en Estados Unidos había observado el sistema de relación allí establecido y no tenía dudas sobre su validez.

 

P: ¿Esa relación es cultural?

R: Sí, pero también posee motivaciones legales. Me impactó de Estados Unidos el que los pacientes acudían a la consulta médica acompañados de sus familiares más directos y con una libreta en la que apuntaban las propuestas y posibilidades terapéuticas: “Usted tiene un cáncer de páncreas, las estadísticas establecen tanto tiempo de vida sin tratamiento, tantos meses con este y este…, y las posibilidades de complicaciones son estas y estas…”. Ante una información tan directa, inicialmente, llegué a dudar de la capacidad emocional de esa sociedad. Más aún si añadía la escasa expresividad gestual con la que escuchaban esos datos tan fríos y terribles. Pude comprobar el peso de la cultura y de las tradiciones cuando tuve la oportunidad de presenciar la visita de una paciente originaria de Puerto Rico. En esa ocasión, solo tras ver su reacción al ser informada de su enfermedad, me vi transportado a nuestro país y pensé, estoy ante uno de los míos. No dudo en absoluto de la obligación de informar, pero creo que la información debe incluir, también, otro tipo de valores.

 

P: ¿Cree que se debe ser empático, ponerse en el lugar de esa persona pero sin ser condescendiente?

R: Frente a situaciones graves y de solución compleja e incierta no deberíamos ser excesivamente optimistas pero tampoco excesivamente pesimistas. Creo que hay que dejar ventanas abiertas a la esperanza y generar confianza en el paciente, pero siempre desde una información veraz que debe contemplar la medida de tus capacidades para afrontar el caso.

A pesar de la gravedad de la situación, los pacientes captan la honestidad personal y profesional del médico. Y un dato muy importante: la tienen en consideración en caso de que los resultados no sean los esperados.

 

P: “Esperanza” es una bonita palabra. Me gustaría preguntarle si es usted consciente de emplearla cada vez con mayor frecuencia desde que terminó la carrera.

R: La he empleado de formas diferentes y con distinto grado de convencimiento personal a medida que he adquirido confianza en mis posibilidades y resultados.

Actualmente, con los tratamientos más eficaces de que disponemos para tratar el cáncer, puedo, afortunadamente, utilizar con más frecuencia la palabra “esperanza” en nuestra especialidad.

 

P: ¿Qué ha hecho usted y su grupo para ser referentes asistenciales y tener un volumen tan alto de actividad en tratamiento tan inusual?

R: La vida es la suma de circunstancias. Ahí que tener la suerte de que tus astros se alineen pero también estar preparado para cuando esto ocurra.

Ya le he contado algunos aspectos de mi vida. Todos ellos han tenido alguna relación con la respuesta a su pregunta.

Mi trayectoria profesional en cirugía oncológica me permitió ser considerado e interpelado en algunos ámbitos de decisión acerca del cáncer en Cataluña. Mi grupo estaba preparado para los cambios que habían de ocurrir en el campo de la oncología. Tuvimos la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado y dispusimos de apoyo por las personas adecuadas. Somos el resultado de la suma de estas y muchas otras circunstancias. Pero, para llegar a este momento hubo mucho esfuerzo y trabajo en el camino y que aún continúan.

La autoridades sanitarias de Cataluña a través de diversas instituciones como el Plan de Salud, el Plan Director de Oncología, y otras, ha establecido un modelo que garantiza la calidad asistencial de aquellas patologías oncológicas infrecuentes o de alta complejidad mediante la centralización de estas en centros o unidades de referencia.

Este modelo de abordaje de la carcinomatosis peritoneal en Cataluña, conocido como “modelo catalán”, ha servido de referente para otras comunidades de España y otros países.

Desde su formalización ha realizado más de 1.200 procedimientos de CRS + HIPEC y otros más de 1.000 procedimientos de CRS sin HIPEC. Se trata de uno de los tres grupos más activos asistencialmente a nivel mundial.

“En el manejo multidisciplinar del cáncer la cirugía es como la madre que prepara el terreno para que el hijo, la quimioterapia, mejore los resultados (o viceversa)”.

P: Es un logro impresionante…

R: Estamos orgullosos por el volumen de pacientes tratados y, especialmente por los buenos resultados logrados. Además, a diferencia de otros grupos especializados, nosotros abordamos toda la amplia gama de tumores tributarios del tratamiento radical de la carcinomatosis peritoneal.

 

Con Médicos Sin Fronteras en Somalia, en 1993, para labores de trabajo humanitario bajo la presión de los grupos armados de la zona.

P: Hay algo que también me llamó muchísimo la atención sobre su trayectoria y es su labor dentro de Médicos Sin Fronteras. ¿Me podría contar cómo fue esa etapa y cómo estableció vínculos con la organización?

R: Fruto de la motivación social a la que he hecho referencia.

Como le he comentado, determinadas circunstancias hicieron que mis padres me enviaran de regreso a Barcelona a estudiar medicina. Lo hice pensando que regresaría de nuevo a Colombia a involucrarme activamente en el cambio social que necesitaba ese país.

Durante los años de la universidad, me obsesioné por la cirugía y las motivaciones iniciales pasaron a un plano secundario durante todo el proceso de formación quirúrgica.

Siendo un cirujano cualificado, ocurrió un acontecimiento desgraciado. El pueblo en Colombia, Armero, en donde había vivido mi infancia, fue destruido por la erupción de un volcán. De nuevo reapareció el interés por la medicina vista desde otra vertiente. Establecí contacto con algunas ONG y en, especial, con Médicos Sin Fronteras, con quien finalmente colaboré intensamente.

P: Pero creo que era una organización que aún no existía en España, ¿verdad?

R: Sí, en aquel momento contacté con la sede de Médicos Sin Fronteras de Bélgica y realicé una misión de colaboración en Etiopía durante la guerra de este país con Eritrea. De vuelta a Barcelona, me relacioné con compañeros que habían trabajado también para otras sedes de esta organización y colaboré con ellos para la fundación de la sede española de MSF.

A raíz de entonces, amplié mi participación con la organización compaginándola, a base de ilusión, con mi actividad quirúrgica especializada.

 

 

P: ¿Llegó usted a desplazarse físicamente a otros países y a operar en esos países?

R: Sí, en varios países de Sudamérica y África. Luego, tuve el honor de presidir la organización.

 

P: ¿Cuánto tiempo estuvo usted de presidente?

R: Cuatro años. Por esos tiempos adjudicaron a MSF importantes premios como el Premio Nobel, el Premio Príncipe de Asturias para la Cooperación, el Premio por la Paz de la ONU, entre otros. Cuando tengo la necesidad de presumir lo hago haciendo alusión a mis hijas, una de ellas “hija nieta” por la edad (sonríe), a mi esposa y compañera en las andanzas quirúrgicas, la Dra. Isabel Ramos y, de una mil millonésima parte del Nobel…

 

P: Hablemos de los futuro profesionales. ¿Qué virtudes y destrezas cree que tiene que tener un cirujano o alguien que quiere dedicarse a la cirugía hoy en día?

R: Creo que al talento y habilidades innatas que requiere específicamente cada oficio, actividad o profesión es fundamental una doble formación: científica y técnica. Todo ello adobado de grandes raciones de dedicación (casi exclusiva).

A los jóvenes les recomiendo humildad y paciencia. No empezar multiplicando antes de conocer los números. El dominio de lo básico te permite avanzar con seguridad en una profesión que puede ocasionar daño al paciente y dudas en el cirujano tras un fracaso.

Es importante conocer tus limitaciones y evitar sobrepasarlas. En cirugía la valentía es un término reservado al paciente. La valentía quirúrgica reside en saber pisar el freno a tiempo.

Respeto al paciente. Toda complicación es una tragedia no un dato para la casuística y debe ser siempre motivo para la reflexión y la autocrítica.

Finalmente, honestidad profesional y personal.

P: Hay una exigencia de modestia en los cirujanos ¿no?

R: Es una cualidad muy necesaria pero, también, muy olvidadiza. Todos lamentamos algún comentario soberbio que luego te ha dejado en evidencia. La cirugía aplica multitud de variantes que la convierten en una profesión donde errar siempre es posible.

 

P: ¿Qué aprendió usted de sus pacientes?

R: Yo he sido paciente y creo haber aprendido de ello. No fue nada importante en líneas generales, pero para mi una experiencia única por lo intransferible. Después de sufrir las consecuencias de una incisión en carne propia, te lo piensas dos veces antes de practicarla de nuevo a los pacientes. Creo que, en algún tipo de formato, la asignatura de ser paciente debería incluirse en la carrera de medicina.

“Creo que, en algún tipo de formato, la asignatura de ser paciente debería incluirse en la carrera de medicina”.

P: Si usted no hubiera sido cirujano, ¿qué habría sido?

R: Difícil la pregunta por el contenido de decepción personal que hubiese significado el hecho. Creo que me hubiese decantado por la biología de campo o, actualmente, por la biogenética.

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