Dra. Lana Bijelić

Dra. Lana Bijelić:

“[En la enfermedad peritoneal] El papel de la cirugía no va en disminución, sino en aumento. Aprendemos cada vez más cómo sacar provecho tanto del tratamiento sistémico como del quirúrgico”. 

Formada inicialmente en Zagreb y posteriormente en Estados Unidos, donde realizó la residencia de cirugía general en Washington D. C. en el mismo hospital que Paul Sugarbaker, la Dra. Lana Bijelić (Croacia, 1973) descubrió la cirugía oncológica peritoneal al rotar por su unidad y enfrentarse por primera vez a la complejidad de la carcinomatosis. Aquella experiencia, que ella misma describe como «una revelación», marcó su trayectoria profesional.

Tras más de dos décadas dedicadas a la enfermedad peritoneal, trabaja hoy en el CHU Moisès Broggi de Sant Joan Despí (Barcelona), en una unidad exclusivamente dedicada a la cirugía peritoneal, con cinco cirujanos, un comité de tumores específico y una intensa actividad investigadora y formativa. Desde la European School for Peritoneal Surface Oncology (ESPSO), de la que es coordinadora académica, participa además en la formación de nuevas generaciones de cirujanos en centros de referencia distribuidos por Europa y otros continentes.

En esta conversación repasa los orígenes de su vocación, la evolución de la cirugía peritoneal desde comienzos de los años 2000, los retos específicos de la carcinomatosis frente a otros tumores, el impacto real de HIPEC y las necesidades de centralización, formación estructurada y liderazgo clínico en este campo.

P: ¿De dónde nace su vocación médica? ¿Había precedentes familiares en medicina?

R: En mi familia sí había alguien en medicina, porque mi padre es otorrino, pero no estoy segura de que esa fuera la influencia más importante. Creo que yo sabía que quería ser médica desde bastante pequeña, quizá alrededor de los diez años. Seguramente con mi padre hablamos muchas veces de su profesión y eso habrá influido, pero tengo la sensación de que era algo sobre todo mío, una idea que se formó pronto sin que nadie me empujara directamente.

P: ¿Qué la llevó a especializarse en cirugía y, más tarde, en cirugía oncológica?

R: El paso hacia una disciplina quirúrgica fue muy natural. Durante los años de estudio de medicina siempre me atraía más lo que estaba más vinculado al paciente, más práctico, más concreto y normalmente más resolutivo. Y eso suele encontrarse en las disciplinas quirúrgicas.

Pero también es verdad que me gustaban varias áreas de la medicina y, cuando empecé el camino de la cirugía general en Estados Unidos, aún no tenía nada claro que la oncología fuera lo que más me interesaba. De hecho, dentro de la cirugía era probablemente lo que menos conocía como disciplina diferenciada. Pero en los últimos años de la residencia la fui conociendo mejor y me gustó mucho la complejidad, el análisis que hay que hacer de cada paciente.

No es algo repetitivo, como puede ocurrir más en otras áreas de la cirugía general. Cada paciente es un mundo: tiene antecedentes distintos, tratamientos distintos, situaciones distintas. Hay que hacer una valoración muy global, que es quirúrgica, pero también oncológica y claramente multidisciplinar. Además, son cirugías más complejas, donde lo que se va a encontrar nunca está del todo definido antes de entrar en el quirófano. Siempre hay momentos en los que las decisiones hay que tomarlas también en el momento. Todo eso es lo que me fue atrayendo hacia la cirugía oncológica.

La Dra. Bijelic en su etapa en EE UU.

“[La cirugía del cáncer] no es algo repetitivo, como puede ocurrir más en otras áreas de la cirugía general. Cada paciente es un mundo”

P: Su formación se inicia en Zagreb (Croacia) y, como ya ha adelantado, continúa en EE UU, concretamente en Washington, donde trabajó junto al Dr. Paul Sugarbaker. ¿Cómo fue ese paso y qué valores profesionales heredó de esa etapa?

R: Me marché a Washington en 2001. Empecé el 1 de julio, y era un mundo muy, muy nuevo. Recuerdo perfectamente el 11 de septiembre de ese año: justo estaba empezando y, poco después, pasó lo que pasó en Nueva York. Aquel inicio en Estados Unidos fue realmente toda una aventura.

Antes había terminado la carrera en Croacia y había hecho un año de prácticas obligatorias, que forman parte de la formación estándar de los médicos allí. Muy pronto empecé a valorar la posibilidad de ir a Estados Unidos porque me interesaba mucho la formación que tenían, sobre todo en cirugía. Creo que sigue siendo una de las mejores del mundo.

Con Paul Sugarbaker fue, como muchas cosas en la vida, una mezcla de serendipia y suerte. Empecé mi residencia de cirugía general en Washington, en el mismo hospital donde trabajaba él. Cuando empecé no tenía ni idea de quién era ni de este campo; escogí Washington porque me fui a Estados Unidos totalmente sola, y allí al menos tenía una amiga de la universidad que estaba trabajando en los NIH, justo al lado de la ciudad. Pensé que sería una buena opción tener al menos a alguien conocido cerca.

Empecé en el hospital de Paul Sugarbaker y, como residente, fui conociendo poco a poco su trabajo, pero no tuve contacto directo con él hasta el cuarto año de residencia. En ese año roté como residente que era por su unidad, y me enamoré del trabajo: de la cirugía, de la complejidad de la carcinomatosis… Era un mundo totalmente nuevo que me gustó en todos sus aspectos. Y, como residente, estar dentro del quirófano y ver cómo trabajaba él fue, sin duda, lo más impresionante.

P: ¿Recuerda el primer caso o el momento en que comprendió el potencial del tratamiento de la carcinomatosis peritoneal mediante citorreducción y HIPEC?

R: Sí. Los casos más frecuentes eran de cáncer de apéndice, especialmente pseudomixoma peritoneal, una enfermedad muy poco frecuente que prácticamente no se ve durante la residencia de cirugía general. Una llega con la idea de que la carcinomatosis peritoneal es algo sin esperanza, sin posibilidades de tratamiento. Pero, de repente, durante una cirugía muy larga y extensa, ves cómo un abdomen que al principio parece imposible de tratar, donde no parece que puedas ofrecer ningún tipo de ayuda real al paciente, se convierte en una situación en la que se ha eliminado toda la enfermedad macroscópica. Para mí fue una revelación muy impactante.

Me di cuenta de que, ante un reto tan grande como la carcinomatosis peritoneal, este cirujano había intentado buscar soluciones y había encontrado parte de la solución, abriendo una nueva vía y una nueva disciplina dentro de la cirugía.

La Dra. Bijelic en su etapa en EE UU.

“En 25 o 30 años de evolución de la cirugía peritoneal hemos aprendido a seleccionar mejor a los pacientes, a hacer la cirugía de manera más segura y a conseguir una recuperación mejor y más rápida, aunque sigue siendo algo muy duro para los pacientes”

P: ¿Cómo describiría la evolución de la cirugía oncológica peritoneal desde aquellos años en Estados Unidos hasta su práctica actual en Europa?

R: Creo que han cambiado muchas cosas y que tenemos que darnos cuenta de que, aunque 25 o 30 años parezcan mucho tiempo, para una disciplina que es prácticamente nueva sigue siendo casi la infancia. A pesar de ello, hemos visto una evolución muy clara.

Hemos aprendido a seleccionar mejor a los pacientes, de forma que quienes se operan tengan una probabilidad alta de beneficiarse realmente. Hemos aprendido a hacer la cirugía de una manera más segura, a reducir complicaciones y a conseguir una recuperación mejor y más rápida, aunque sigue siendo algo muy duro para los pacientes.

Y probablemente, a nivel epidemiológico, de población, este es el cambio más importante: al principio, aunque se tuviera un tratamiento potencialmente muy eficaz, estaba disponible solo para un número muy pequeño de pacientes, porque se hacía en unos pocos centros en Europa y algunos en Estados Unidos. Ahora es una disciplina reconocida a nivel mundial y que empieza a estar disponible en muchos países, incluso en aquellos con recursos más limitados. Esto tiene un impacto enorme, y es algo que he podido ver a lo largo de estos años.

P: ¿Qué retos específicos presenta la carcinomatosis peritoneal frente a otros tipos de enfermedad oncológica?

R: Desde el punto de vista quirúrgico, sigue siendo una de las enfermedades más complejas. Es multifocal, puede estar muy escondida, y la radiología tiene limitaciones importantes para definir exactamente dónde está toda la enfermedad y cómo se relaciona con los órganos. Además, la afectación peritoneal tiene una biología particular en cada tumor primario, lo que obliga a adaptar la estrategia a cada situación. Todo eso hace que la selección de pacientes, la valoración preoperatoria y la planificación quirúrgica sean especialmente exigentes.

“Deben seguir analizándose con rigor el potencial y los límites de la cirugía mínimamente invasiva”

P: Usted ha trabajado intensamente en el desarrollo de técnicas mínimamente invasivas para tratar metástasis peritoneales. En el congreso de PSOGI se ha matizado el beneficio de la laparoscopia en tumores T4. ¿Hasta qué punto cree que estas técnicas pueden transformar el abordaje quirúrgico en los próximos años?

R: Las técnicas mínimamente invasivas tienen un papel muy importante en la cirugía general y también en la oncológica, y es natural que intentemos sacar todo el beneficio posible de ellas también en cirugía peritoneal.

Pero hay retos importantes. Algunos quizá se podrán mejorar con la evolución de la tecnología, y otros no necesariamente encontrarán solución en la cirugía mínimamente invasiva. La carcinomatosis peritoneal sigue siendo una enfermedad muy compleja: multifocal, a veces muy escondida, con limitaciones importantes en la imagen para saber exactamente dónde está toda la enfermedad.

La cirugía mínimamente invasiva tiene sus propias limitaciones: se adapta mucho mejor cuando hay que trabajar solo en un cuadrante del abdomen. Valorar y trabajar en los cuatro cuadrantes es más difícil, tanto con laparoscopia como con robótica. Creo que estas técnicas tienen un papel que debemos seguir estudiando muy bien por dos razones: utilizarlas cuando realmente se pueden utilizar —porque para el paciente son un plus— y, a la vez, describir muy bien sus limitaciones para que no se abuse de ellas.

Existe la tendencia a utilizarlas en situaciones donde quizá no son lo más apropiado, pensando solo en los beneficios inmediatos y sin valorar suficientemente el riesgo de dejar enfermedad que no se ha visto bien por laparoscopia. Las dos cosas —su potencial y sus límites— deben seguir analizándose con rigor.

P: ¿Qué papel cree que jugarán tecnologías emergentes como PIPAC, la radiómica o la inteligencia artificial en el manejo futuro de los pacientes con tumores peritoneales?

R: PIPAC es una técnica de aplicación de quimioterapia intraperitoneal que se basa en conceptos farmacológicos ya conocidos desde los primeros trabajos de Paul Sugarbaker: la aplicación intraperitoneal permite concentraciones locales mucho más altas que las sistémicas. Era un concepto bastante básico pero muy lógico.

Con los años hemos aprendido más sobre la aplicación intraperitoneal de quimioterapia y han aparecido técnicas nuevas como PIPAC. Eso no significa que vaya a ser ‘la solución’ a la carcinomatosis; creo que tendrá un papel que se mantendrá en el tiempo, pero limitado en cuanto a indicaciones y beneficios. Lo que deberíamos ver son más ensayos clínicos que demuestren o no de manera clara el papel de PIPAC. Hasta ahora hemos trabajado sobre todo la técnica y la seguridad, que están bastante bien definidas; ahora entramos en una fase en la que hay que evaluar la eficacia.

En cuanto a la radiómica y la inteligencia artificial, creo que las veremos cada vez más desarrolladas y presentes en todos los ámbitos de la cirugía y la medicina. En cirugía peritoneal, la necesidad más inmediata es mejorar la valoración preoperatoria por imagen. Cada técnica —TAC, resonancia, PET— tiene sus beneficios y sus limitaciones. Lo que quizá nos permita el futuro, gracias a la inteligencia artificial, es integrar las características de varios estudios y mejorar así la valoración preoperatoria. Creo que es algo que veremos y que debería aportar beneficios claros.

“Deberíamos ver son más ensayos clínicos que demuestren o no de manera clara el papel de PIPAC”

P: La HIPEC ha cambiado la historia natural de algunas de estas enfermedades, pero también sigue evolucionando. ¿Qué aspectos considera más prometedores para optimizarla aún más (fármacos, dosis, duración, hipertermia, etc.)?

R: Conceptualmente HIPEC es muy interesante, pero desde el punto de vista de los estudios es compleja porque tiene varios componentes a la vez: el momento en que se aplica, cuánto dura, si se repite o no, qué fármacos se utilizan, a qué temperatura, en qué combinación…

Tenemos ya trabajos —muchos procedentes de grupos asiáticos— que han explorado estrategias de repetición de HIPEC, que son muy novedosas y que hay que estudiar más, como la posibilidad de repetir HIPEC en algunos casos. En cuanto a fármacos, la verdad es que los que se han utilizado hasta ahora en HIPEC son en su mayoría fármacos bastante antiguos; es posible que los beneficios aumenten si utilizamos fármacos más nuevos, con mecanismos de acción más interesantes y específicos.

El tema de la temperatura y las combinaciones de fármacos son también aspectos que se pueden estudiar y mejorar. Uno de los retos importantes es que la financiación de la investigación, sobre todo la quirúrgica, es limitada y difícil de conseguir. La industria farmacéutica tiene muchos intereses diferentes, y la aplicación intraperitoneal de fármacos no siempre está entre sus prioridades.

Por eso, creo que los cirujanos tenemos un papel importante a la hora de insistir en la necesidad de seguir investigando este tipo de tratamiento y luchar para obtener la financiación que permita hacerlo.

P: ¿Cómo se articula el trabajo multidisciplinar en el CHU Moisès Broggi entre cirujanos, oncólogos, radiólogos y patólogos en la toma de decisiones para estos pacientes?

R: Nuestra unidad tiene algunos aspectos bastante únicos que nos permiten trabajar de una manera que nos da mucho orgullo y satisfacción. Es una unidad específicamente dedicada a la cirugía peritoneal, algo que no es lo habitual. En muchos centros, los cirujanos que hacen cirugía peritoneal pertenecen a unidades que también se dedican a cirugía colorrectal, gástrica, hepática, etc. En nuestro caso, ahora somos cinco cirujanos dedicados a la cirugía peritoneal, y eso nos permite muchas cosas.

Desde el punto de vista clínico, tenemos un comité de tumores dedicado exclusivamente a la enfermedad peritoneal. Todos los pacientes —los que se operan y los que no— pasan por este comité y se benefician del conocimiento de muy alto nivel sobre estas enfermedades, no solo de los cirujanos, sino también del oncólogo, el patólogo y el radiólogo, que son siempre los mismos. En casos complejos, esto puede marcar una diferencia muy importante.

Además, este tipo de dedicación nos permite tratar todo tipo de casos, desde los menos complejos, que pueden ser adecuados para un abordaje mínimamente invasivo, hasta los más complejos, como pseudomixomas de muy alto volumen que pueden requerir cirugías en dos fases. Y, por supuesto, nos da suficiente experiencia clínica como para dedicarnos a la investigación y, a la vez, crear un entorno ideal para la formación de compañeros que quieren aprender cirugía peritoneal. Muchos se quedan con nosotros semanas o meses para aprender todos los aspectos: selección del paciente, valoración preoperatoria, quirófano y postoperatorio.

“La financiación de la investigación, sobre todo la quirúrgica, es limitada y difícil de conseguir. Los cirujanos tenemos un papel importante a la hora de insistir en la necesidad de seguir investigando este tipo de tratamiento y luchar para obtener la financiación que permita hacerlo”

P: Usted dirige una unidad muy activa. ¿Qué criterios considera esenciales para seleccionar correctamente a los candidatos a cirugía citorreductora y HIPEC? ¿Cree que es necesario designar centros de referencia para estos tratamientos?

R: La selección correcta de los pacientes es probablemente el punto más crítico. Hay que valorar el estado general del paciente, la extensión y distribución de la enfermedad peritoneal, la biología del tumor primario y las opciones sistémicas disponibles. Es fundamental ser realistas sobre la posibilidad de conseguir una citorreducción completa y sobre el balance entre la agresividad del procedimiento y el beneficio esperado.

En cuanto a los centros de referencia, la experiencia acumulada es clave. Sabemos, y está muy bien demostrado, que en tratamientos complejos los resultados son mejores cuando se respeta la centralización y aumentan los volúmenes de casos por equipo. La centralización que existe en Cataluña para los tratamientos oncológicos complejos, incluida la cirugía peritoneal, es algo muy positivo. Y creo que otras áreas de España que todavía no tienen un modelo así deberían considerarlo seriamente.

“[En el Hospital Moisès Broggi] tenemos un comité de tumores dedicado exclusivamente a la enfermedad peritoneal”

P: ¿Qué avances se están haciendo para mejorar la calidad de vida postoperatoria tras intervenciones tan complejas?

R: Se están haciendo muchas cosas, aunque todavía queda trabajo por hacer. Los conceptos de recuperación intensificada después de cirugía —vía RICA (Recuperación Intensificada en Cirugía Abdominal)—, que están bien demostrados en cirugía general y en otras áreas de la cirugía oncológica menos complejas, pueden aplicarse también a la cirugía peritoneal, con las adaptaciones necesarias.

En nuestro centro hemos desarrollado vías RICA específicas para la cirugía peritoneal, y no es solo una, sino tres, porque tienen que adaptarse a la complejidad de la intervención. Empiezan en el preoperatorio, por ejemplo con la prevención y optimización de la anemia para evitar transfusiones de sangre —que sabemos que se asocian a efectos negativos tanto a corto plazo como a nivel oncológico a largo plazo—, incluyen una optimización nutricional más personalizada y hacen mucho hincapié en la rehabilitación física en el postoperatorio inmediato. Todo esto ayuda al paciente a recuperarse de una manera más segura y más rápida.

P: Además de su labor clínica, desempeña un papel central en la formación de nuevos cirujanos como coordinadora académica de la European School for Peritoneal Surface Oncology (ESPSO). ¿Qué objetivos persigue esta escuela y qué impacto está teniendo?

R: Es una iniciativa que tiene ya más de diez años y que nació como un esfuerzo conjunto entre PSOGI, la organización principal mundial de cirugía peritoneal, y la ESSO, la sociedad europea de oncología quirúrgica. La idea era dar una solución al hecho de que teníamos una disciplina nueva dentro de la cirugía oncológica, pero sin una manera clara de formar a los cirujanos.

ESPSO define un currículo de conocimientos teóricos que se deben adquirir y que se trabaja a través de varias actividades: algunos son cursos formales organizados por ESSO sobre cirugía oncológica peritoneal, y otro componente fundamental es una estancia en uno de los centros acreditados por ESPSO. Hay unos veinte centros, sobre todo en Europa, pero también en Estados Unidos, Canadá, Australia, Singapur…

En esos centros los candidatos tienen un mentor y aprenden, de forma muy práctica, aspectos clave como las habilidades quirúrgicas, la técnica y la anatomía aplicada, pero también, mediante su participación en el comité de tumores, la selección de pacientes, la toma de decisiones y el manejo postoperatorio. Es algo único, que ha demostrado su valor en la formación de las nuevas generaciones.

Además, cada vez suscita más interés, y no solo en Europa: también en Latinoamérica y Asia. Muchos candidatos aprenden cirugía peritoneal a través de ESPSO y luego pueden llevar esos conocimientos a sus países, abriendo nuevos centros y nuevas posibilidades de tratamiento. Sin un cirujano bien formado en cirugía peritoneal que pueda impulsar un grupo multidisciplinar, a muchos pacientes sencillamente no se les ofrece ningún tratamiento de este tipo. El impacto potencial es enorme.

“Está muy bien demostrado que en tratamientos complejos los resultados son mejores cuando se respeta la centralización y aumentan los volúmenes de casos por equipo”

P: ¿Qué mensaje transmitiría a los jóvenes cirujanos para que se interesen en la cirugía del cáncer y, en particular, en la cirugía peritoneal?

R: Es verdad que la oncología se asocia mucho a la oncología médica en la percepción general. Sin embargo, el impacto de la cirugía en el tratamiento de los tumores sólidos es extremadamente importante, y los oncólogos lo reconocen muy bien. En los comités de tumores, el papel del cirujano es fundamental.

Quizá una parte de la responsabilidad es nuestra: los cirujanos oncólogos no siempre nos hemos dedicado lo suficiente a explicar esto, sobre todo a los más jóvenes, y por eso el papel de la cirugía oncológica queda un poco desconocido, cuando para los pacientes tiene un impacto enorme.

Incluso en la enfermedad metastásica, donde solemos pensar primero en la quimioterapia, la cirugía puede tener un papel decisivo. En la cirugía peritoneal, que trata enfermedad metastásica, el impacto de la cirugía se está demostrando cada vez más. Una lectura directa de estudios recientes como el estudio PRODIGE 7 es precisamente que el impacto de la cirugía sola es muy grande. Es una oportunidad que no deberíamos negar a ningún paciente; tenemos que asegurarnos de que cada paciente sea valorado por un cirujano experto.

Creo que en la formación de los cirujanos generales hay que dar más importancia a la oncología quirúrgica: llamarla por su nombre, permitir rotaciones en unidades de cirugía oncológica para todos los residentes. No se trata solo de saber operar un estómago, un colon o un páncreas, sino de valorar de forma multidisciplinar, global y oncológica toda la enfermedad del paciente y tomar las decisiones correctas. Eso es lo más complejo, pero también lo más interesante de la cirugía oncológica, y hay que integrarlo en la formación.

P: ¿Cree que la cirugía oncológica peritoneal debería integrarse de forma más formal en los programas de residencia? ¿Cuáles son las principales carencias actuales?

R: Sí, creo que debería integrarse de forma más estructurada. Ahora mismo, en muchos programas, la exposición a la oncología quirúrgica —y en particular a la cirugía peritoneal— depende demasiado del hospital o del azar. Falta darle un nombre claro, definir contenidos y asegurar que todos los residentes tengan, como mínimo, una rotación en una unidad con enfoque oncológico real. Sin esto, es difícil que conozcan el alcance y la responsabilidad de la cirugía dentro del tratamiento del cáncer.

“[La cirugía en enfermedad metastásica] es una oportunidad que no deberíamos negar a ningún paciente; tenemos que asegurarnos de que cada paciente sea valorado por un cirujano experto”

P: Usted ha trabajado y publicado con equipos de Estados Unidos y Europa. ¿Qué diferencias observa entre ambos entornos en cuanto a práctica clínica?

R: Hay muchas diferencias, pero quizá la más clara está en la forma de trabajar una vez terminada la residencia. En Estados Unidos, la residencia condensa el aprendizaje en menos años y te lleva a una independencia como cirujano autónomo antes de lo que ocurre habitualmente en Europa. Y, una vez terminada, la práctica clínica es bastante individual: cada cirujano es, en cierto modo, su propio mundo.

En Europa, al menos en España, la manera de trabajar se basa más en equipos. Eso tiene aspectos muy positivos: el trabajo en equipo permite ofrecer más a los pacientes, porque se unen distintas perspectivas, y desde el punto de vista del profesional ayuda a mantener un equilibrio entre la vida profesional y la personal que quizá es más sostenible.

P: En cuanto a investigación, ¿qué estudios o ensayos clínicos considera más urgentes en el campo de la cirugía oncológica peritoneal?

R: Después de PRODIGE 7 nos queda claro que el papel de la cirugía citorreductora es fundamental, y tenemos que seguir explicándolo porque a veces se interpretan mal los resultados, extendiendo la falta de beneficio de un esquema concreto de HIPEC a todo el concepto, cuando lo que mostró el estudio es, sobre todo, el gran impacto de la cirugía en la supervivencia.

Queda la duda de si otros tipos de HIPEC pueden aportar beneficios añadidos. Por eso son tan importantes los estudios en marcha, como el ensayo liderado por GECOP con mitomicina, que tenemos que terminar para saber si una HIPEC basada en mitomicina añade beneficio a la cirugía sola.

Hay muchos otros aspectos en estudio. El cáncer gástrico con afectación peritoneal es un reto muy importante: sabemos que es necesario tratar el peritoneo porque muchos pacientes desarrollan enfermedad peritoneal, pero el abordaje clásico de citorreducción y HIPEC sigue dando resultados limitados. Ahí necesitamos ideas nuevas.

Y luego están enfermedades que hasta ahora han quedado un poco fuera, como el cáncer de páncreas o los tumores hepatobiliares, que tienen un riesgo relevante de afectación peritoneal pero cuya biología representa un reto mayor para ofrecerles la misma combinación de citorreducción y HIPEC que usamos en otros tumores como los de apéndice. Creo que en los próximos años veremos ideas nuevas y posiblemente fármacos nuevos que nos permitan abrir la puerta a tratamientos potencialmente curativos para metástasis peritoneales de estos tumores.

P: ¿Qué le han enseñado sus pacientes a nivel humano y profesional?

R: Muchas cosas. Una de las más importantes es que una tiene que ser siempre humilde y estar preparado para enfrentarse a una realidad que a veces es más dura o más decepcionante de lo que querríamos. Como cirujanos, tenemos la tendencia a querer dar una solución al problema, eliminar el tumor y llevar al paciente a la curación, y eso no siempre es posible.

En este campo hay que recordar que la enfermedad es un reto muy grande y que debemos abordarlo con paciencia, intentando ampliar continuamente nuestros conocimientos. Los pacientes nos enseñan su voluntad de enfrentarse a una enfermedad muy grave, muy dura, que les afecta a ellos y a sus familias. Escuchar ese aspecto humano, entender qué es lo realmente importante para ellos, es fundamental. Y, en nuestro deseo de tratar la enfermedad, no siempre lo escuchamos con la atención suficiente; es algo que tenemos que recordarnos constantemente.

P: Dirigir una unidad de referencia implica liderazgo, visión y trabajo en equipo. ¿Cómo define su estilo de liderazgo?

R: Probablemente esa sea una pregunta mejor para los demás, pero lo que intento es un liderazgo democrático y abierto a escuchar, que creo que es la esencia de cualquier equipo.

Me gusta la idea del liderazgo como algo que mira al futuro: la persona que ayuda a todo el equipo a sacar lo mejor de sí mismo, que hace que cada miembro se sienta no solo cómodo, sino capaz de desarrollarse al máximo de su potencial. Eso es lo que me gustaría lograr.

P: ¿Qué cambiaría del sistema sanitario para hacerlo más eficaz en su ámbito?

R: Dentro de un sistema público como el que existe en España —yo conozco sobre todo el de Cataluña—, creo que podemos estar bastante contentos y orgullosos de cómo funciona. Obviamente los recursos son limitados, pero, a pesar de eso, lo que ofrecemos a los pacientes es, en general, lo mejor que existe y aquello que tiene una evidencia científica suficiente para recomendarlo.

La centralización que existe en Cataluña en los tratamientos oncológicos complejos —también en la cirugía peritoneal— es algo muy positivo. Sabemos, y está muy demostrado, que en tratamientos complejos los resultados son mejores cuando se respeta la centralización y aumenta el volumen de casos por equipo. Esto ya existe en Cataluña y creo que es algo que otras áreas de España que todavía no lo tienen deberían considerar.

“En los próximos años veremos ideas nuevas y posiblemente fármacos nuevos que nos permitan abrir la puerta a tratamientos potencialmente curativos para metástasis peritoneales de tumores pancreáticos y hepatobiliares”

P: ¿Hacia dónde cree que se dirige la cirugía oncológica del peritoneo en la próxima década? ¿Qué avances le gustaría ver consolidados?

R: Creo que vamos a aclarar cada vez mejor la selección: quién se beneficia, en qué momento, de qué tipo de cirugía y con qué combinación de tratamientos. No pienso que el papel de la cirugía vaya en disminución; diría que irá en aumento, en el sentido de que aprendemos cada vez más cómo sacar provecho tanto del tratamiento sistémico como del quirúrgico.

La clave estará en decidir de forma cada vez más sofisticada cómo y cuándo combinarlos. Es la combinación la que extiende la supervivencia y mejora los resultados. Creo que veremos cada vez más esa combinación bien pensada, esa asociación de distintos tratamientos de la mejor manera posible para cada paciente.

P: Después de tantos años de trabajo en Estados Unidos y Europa, ¿qué le motiva cada día a seguir operando e investigando?

R: Para mí, venir a trabajar siempre ha sido una fuente de inspiración, de alegría, de ideas nuevas. Motivación no me falta.

P: ¿Qué habría sido usted de no ser médica?

R: Es una buena pregunta, y no lo sé exactamente, porque la idea de estudiar medicina estaba muy clara en mi cabeza desde bastante pronto. Pero otra opción que había considerado era algún tipo de ingeniería. Creo que lo que tienen en común estas dos ideas es esta tendencia a querer encontrar una solución muy concreta a problemas complejos. Eso es, probablemente, lo que me habría llevado también por ese camino.

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